"Usted no lo sabe pero yo sé hacerlo": Aprendizajes Invisibles en la Escuela (@educacontic)

Llega el verano. A muchos les podría parecer que este es un tiempo sin aprendizaje o incluso con olvido. Sin embargo, el verano (como el resto del año) es un tiempo de aprendizaje: es un tiempo de aprendizajes invisibles. Pero, ¿qué podemos hacer en la escuela con estos aprendizajes invisibles? ¿Podemos incorporarlos al aprendizaje formal? ¿Qué sería necesario para poder hacerlo?

Pero, ¿qué es el aprendizaje invisible?

Evidentemente, la mejor respuesta a esta pregunta pasa por leer el libro de Cristobal Cobo y John W. Moravec, disponible en la web del Aprendizaje Invisible: en este libro Cobo y Moravec describen estametateoría o este protoparadigma, que se encuentra en fase beta y en plena etapa de construcción y en su presentación nos dicen que “Aprendizaje Invisible es una alternativa para ver el aprendizaje con otros ojos”.

Si prestamos atención a la metáfora de la invisibilidad del aprendizaje, podríamos comprender qué significaAprendizaje Invisible.

Por un lado, lo aprendido puede ser invisible. La escuela ha sido definida como el lugar del aprendizaje por excelencia y de esa forma todo lo que queda fuera de la escuela se ha convertido en un no-lugar para el aprendizaje, como cuestiona la propuesta de Educación Expandida de Zemos98. Además, puesto que en estos no-lugares para el aprendizaje no hay evaluación ni reconocimiento ni certificación, los aprendizajes que se adquieren en estos no-lugares se convierten en invisibles también para la sociedad.

En segundo lugar, el cómo aprender puede ser invisible. Por un lado, aprender se define en la escuela como una acción tutelada y pautada por el docente y todo aquel aprendizaje que no sigue esta imposición de acompañamiento se convierte en invisible. Por otro lado, nuestra tradición escolar ha favorecido (y sigue haciéndolo) la memorización por encima de todas las demás estrategias de aprendizaje, especialmente frente a la presencia de las emociones en la escuela y al “aprender haciendo”, del cual Cobo y Moravec (entre otros) dicen lo siguiente: En el protoparadigma 3.0 … los enormes cambios sociales y tecnológicos piden a gritos el resurgimiento del paradigma de “aprender haciendo”.

Finalmente, incluso quien aprende puede ser invisible. Tanto las estrategias de enseñanza como las estrategias de evaluación (especialmente cuando ambas son diferenciadas) pueden invisibilizar a los estudiantes bajo un manto de estandarización que oculte sus intereses, sus estilos de aprendizaje, sus dificultades o sus inquietudes. En este sentido, una estructura de enseñanza individualista y competitiva es la mejor aliada para conseguir invisibilizar a los estudiantes mientras que un aprendizaje cooperativo y personalizado permite reconocer la diversidad y convertirla en un factor de riqueza.

Desde esta perspectiva, nuestro sistema educativo se sostiene sobre dos falacias que generan invisibilidad: en primer lugar, el conocimiento está aquí en la escuela y está fundamentalmente en mí, docente, o en el libro de texto, mi aliado; en segundo lugar, yo, docente, sé cómo tú, estudiante, aprendes mejor. La primera de las falacias nos hace olvidar que el conocimiento está en red y solo a través de la conexión a la red - más allá del aula, más allá del docente - podemos acercarnos al conocimiento. La segunda de las falacias cae por su propio peso cuando se constata el fracaso de muchos de nuestros estudiantes ante nuestra manera de enseñar y evaluar y nuestras dificultades a la hora de modificar nuestra forma de enseñar para evitar ese fracaso.

Y esta última afirmación nos lleva a plantearnos el dilema de la invisibilidad en relación con los docentes: ¿En qué medida somos víctimas de la invisibilización? ¿En qué medida somos sus agentes? Creo que, como miembros de la cultura escolar, somos en cierta medida víctimas de la invisibilización: es mucha la ansiedad que debemos superar para romper la cadena de la invisibilización y plantear cambios en nuestra cultura escolar y en nuestros contextos concretos de trabajo.

Pero, por otro lado, también podemos ser agentes de invisibilización si no sometemos nuestra cultura escolar a una importante revisión crítica. Cuando nos negamos a utilizar las TIC para la investigación y la creatividad y solo las queremos como “recursos de apoyo” (o aun peor, “para la disminución de costes de apoyos y refuerzos”), somos agentes de invisibilización. Cuando desconocemos quiénes son las madres y los padres de nuestros estudiantes y nos negamos a que participen en la vida de la escuela, somos agentes de invisibilización. Cuando rechazamos abrir la escuela al exterior para aprender de la comunidad, somos agentes de invisibilización. Cuando confundimos aprender con aprobar, somos agentes de invisibilización. Cuando creemos que educar es someter y aprender es memorizar, somos agentes de invisibilización. Cuando lo que nuestros estudiantes aprenden fuera de la escuela es más importante e interesante que lo que aprenden en la escuela y nosotros no encontramos la forma de vincular ambas realidades, entonces somos, definitivamente, agentes de invisibilización.

Y frente a estas posibilidades de invisibilización la Red nos ofrece la posibilidad de mejores aprendizajes: multitud de contenidos, diversidad de formatos, múltiples herramientas de aprendizaje y un número exponencialmente creciente de posibilidades de interacción social. Sin embargo, para aprovechar estas posibilidades no nos sirve un profesorado opaco: necesitamos un profesorado transparente.

Aprendizaje Invisible, Profesorado Transparente

Así, frente a la posibilidad de ser agentes de invisibilización, el profesorado puede ofrecer transparencia.

La transparencia puede adquirirse en distintos planos: transparencia en la formación, en el uso de la tecnología, en relación con su marco pedagógico, en torno a sus prácticas de aula y transparencia en sus estrategias de evaluación.

El profesorado es transparente en relación con la formación cuando se plantea cómo puede desarrollar su Proyecto Educativo y resolver las dificultades que se vayan planteando mediante la formación permanente y su propio desarrollo profesional. Así, en lugar de recibir verticalmente planes de formación elaborados por la Administración Educativa, los centros y el profesorado pueden observar si las soluciones que se plantean a los problemas concretos del centro son satisfactorias o no.

Esto no implica, obviamente, que los Centros del Profesorado no tengan ningún papel que jugar en la formación permanente pero sí que han de modificar el rol que han asumido hasta la fecha. No pueden ser transmisores de políticas educativas a los centros educativos sino lugares de estudio y análisis de las propuestas formativas y de enseñanza más interesantes para hacerlas llegar, a través de un proceso de acompañamiento y asesoramiento sobre el terreno, a los centros educativos. En este sentido no necesitamos menos Centros del Profesorado sino mejores Centros, bien dotados, cercanos a los centros educativos, con asesores y asesoras suficientes y bien preparados para cumplir con esta nueva realidad.

En relación con el uso de la tecnología, el profesorado transparente cambia los verbos que describen su actividad: lo importante no es el verbo “manejar” (una aplicación) sino los verbos cooperar y colaborar, compartir, comunicar, construir, conversar y, definitivamente, remezclar. Las TIC son tecnologías para lainformación y la comunicación: Sí, hay que ir más allá del Power Point.

Pero las TIC son también tareas integradas para el desarrollo de las competencias, como ya explicamos en otra entrada. Revisar nuestro marco pedagógico y nuestra práctica de aula abriéndola a la realización de tareas y proyectos, como hemos intentado en La Semana de los Proyectos, puede ser un buen camino para resistirse a ser agente de invisibilización.

La evaluación es la gran apisonadora del sistema educativo. Sin modificar nuestras estrategias de evaluación, sometidas en nuestro país fundamentalmente al examen escrito, no es posible cambiar nada. En otra entrada ya tratamos el tema de la evaluación y de evaluar para aprender: como en política y economía, en evaluación sí hay alternativas. Un docente que usa rúbricas, portafolios, diarios de aprendizaje y otros recursos para la evaluación es un docente más transparente que quien confía solo en el examen escrito para obtener datos, ayudar a sus estudiantes a superar las dificultades y, también, calificar.

El Aprendizaje Invisible como reto y como esperanza

Hoy aprender es una forma de conjugar el verbo comunicar. Aprendemos más y mejor porque la red nos da más y mejores oportunidades. La cuestión no es cómo hacer estos aprendizajes visibles incorporándolos al currículo o a la escuela puesto que siempre habrá nuevos aprendizajes que no entren en el tiempo finito de la escolarización. La cuestión es cómo la escuela puede potenciar estos Aprendizajes Invisibles y enriquecer con ellos el desarrollo integral de nuestros chicos y chicas. La cuestión es si la escuela puede y quiere ser un carril de aceleración o una pista de despegue para el aprendizaje, visible o invisible, o si queremos, en cambio, ser un carril de frenada o una vía muerta para el conocimiento. De la respuesta a estas preguntas depende, muy probablemente, el sentido de la escuela en los próximos años.

Lo veremos. Estén atentos a sus pantallas y en la enorme y hermosa pantalla del Mundo Real.


Esta entrada recoge algunas de las ideas presentadas en la ponencia “Aprendizajes invisibles, profesorado transparente: un nuevo paradigma para la escuela del siglo XXI" dentro del Congreso Educa celebrado en el Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas (Peñaranda de Bracamonte) del 2 al 4 de julio de 2012. Quisiera agradecer a la organización de este Congreso la oportunidad de reflexionar sobre los Aprendizajes Invisibles y de compartir mi reflexión con todos los participantes. Fue una estupenda experiencia de visible aprendizaje invisible ;-)

Noticias sobre Aprendizaje Invisible

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