Aprendizaje invisible ( @LosAndesOnLine )

Por Eduardo Escalante

El título de esta nota podría sugerir que se trata de otro calificativo agregado al término aprendizaje. Sin embargo, no es así. La expresión ha tenido un impacto bastante importante a nivel internacional, porque no es un concepto volátil o una manera publicitaria para poner la mirada en nuevas esquinas. Está profundamente vinculado a lo que ocurre con las nuevas generaciones y lo que pasa en la escuela. Ha sido creado por Cristóbal Cabos y John Moravec.

Nuestra sociedad sigue cambiando en algunos aspectos fundamentales. Por ejemplo, las nuevas formas de aprendizaje, aunque quizás nuestro sistema educativo no lo haga a la misma velocidad. 

Es un hecho innegable que niños y adolescentes acumulan considerables conocimientos invisibles en entornos no formales y fuera de la escuela. Los autores argumentan que la expresión “aprendizaje invisible” intenta explorar un panorama de opciones en pos de la creación de futuros relevantes para la educación actual. 

No se trata de una teoría como tal sino de una metateoría capaz de integrar diferentes ideas y perspectivas. Es el resultado de largos años de investigación realizada desde México, Estados Unidos y Gran Bretaña, que toma en cuenta el impacto de los avances tecnológicos y las transformaciones de la educación formal, no formal e informal y cómo abordar los nuevos retos en materia educativa.

Pero ¿de qué se trata?

Se refiere, entre otras caracterizaciones, a un aprendizaje para crear sentido socialmente construido; que se rehusa a ser guardia de la información; que es creador de redes sociales; que es capaz de usar herramientas para resolver diferentes problemas en contextos diferentes; que significa metabolizar la información de otros; que se habilita para desaprender rápidamente; que no teme al fracaso, donde lo principal es la “conciencia de sí” sin que se antepongan las herramientas tecnológicas a esta tarea fundamental.

El proceso de aprendizaje invisible no es algo nuevo pero sí es lo es su actual dimensionalidad a partir de la expansión profunda de las nuevas tecnologías que permiten el acceso a la información desde cualquier dispositivo y que se pueda encontrar información al instante en cualquier lugar sin tener una idea de qué puede ser. 

Esto rompe las estructuras amuralladas de la información y la forma como la escuela ha venido tratándolas históricamente. El individuo tiene acceso a los distintos haces de información, puede direccionarlos, redireccionarlos, cambiarles de formato (por ejemplo, de texto a imagen) e interactuar con otros para potenciarlos y transformarlos. Eso no quiere decir que en el proceso no encuentre mucha basura digital y deba aprender a generar filtros.

En tal contexto, el papel del alumno de hoy es aprender cómo construir conocimiento colaborando y haciendo uso de todas las plataformas disponibles, por ejemplo, en la “cloud computing” (computación de nubes). Niños y jóvenes saben que hoy se puede aprender en cualquier instante y se lo puede hacer desde cualquier lugar. 

Supongamos un adolescente que quiere crear una cuenta en Facebook. Lo hará por tanteo y error o acompañado de un par generacional. Una vez creada la cuenta, deberá estructurar la información resolviendo qué colocará como información permanente (fotos, intereses, etc,) y en seguida determinará cómo empezar a escribir en el “muro” y a quienes invitar a su nuevo “domicilio”. 

Abreviando la historia, muchos de ellos a los pocos meses tendrán decenas de amigo(a)s -cuando menos- desde una variada geografía, y no será curioso que con alguno(a)s se comuniquen en inglés a pesar de tener malas calificaciones en esta materia. 

Algunos cuestionarán el contenido que él publique en su Facebook (no entendiendo que a través de sus mensajes va haciendo visibles aspectos de su identidad real, imaginaria o deseable), pero no podrán discutir el “aprendizaje invisible” que ha ocurrido. 

El conjunto de competencias cognitivas involucradas no es simple; las características de la toma de decisiones tampoco lo es. Este adolescente ha iniciado su proceso de metabolización de la información, copiará citas de autores, reproducirá melodías, generará progresivamente mensajes propios. En fin, se irá transformando en un productor de contenidos digitales, la herramienta (Facebook) la irá naturalizando y se centrará en lo que quiere comunicar e irá socializándose. 

En síntesis, es capaz de aprender, de socializar, compartir, estructurar y re-estructurar, superar obstáculos a partir de sus intereses.

Una estructura comunicacional y colaborativa como la descripta debería arrojar algún grado de luz sobre lo que hace la escuela o, al menos, deducir que lo que cuenta hoy es “cómo” aprender más que el “qué” aprender, como bien lo señalan los autores de la expresión “aprendizaje invisible”.

Cuando se incorporan las tecnologías en el aula, no hay que mirar tanto al futuro sino aprender del pasado, porque se siguen cometiendo los mismos errores pero ahora con nuevas herramientas. En la actualidad se requiere introducir nuevas formas de transmitir los conocimientos, de combinarlos y de vincularlos al entorno, al tiempo que dar cabida a competencias y habilidades adquiridas en otros contextos y que son ignoradas. Es esto lo que permite hablar de una nueva ecología de la educación.

El Aprendizaje Invisible no solamente sitúa el foco de atención en los aprendizajes no formal e informal sino que también aborda la necesidad de reconocer, comprender y aprovechar el espacio entre estos aprendizajes y la educación/aprendizaje formal.

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